Necropolítica - Achille Mbembe

Se propone una idea muy fuerte, en el mundo moderno, el poder no solo se mide por la capacidad de gobernar o de dar vida, sino sobre todo por la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir. A eso lo llama “necropoder”. Es decir, el poder que tiene el Estado, los ejércitos o incluso ciertas instituciones económicas y políticas para determinar qué vidas valen la pena y cuáles pueden ser eliminadas o abandonadas.

Mbembe explica que este tipo de poder se ve con claridad en contextos como la esclavitud, el colonialismo y las guerras actuales. En esos escenarios, los cuerpos de algunas personas, sobre todo los de pueblos oprimidos, colonizados o racializados, son tratados como objetos, sin valor propio. La vida se vuelve precaria, frágil, expuesta constantemente a la violencia o al olvido. En el fondo, la necropolítica muestra cómo el racismo y el control económico se combinan para crear mundos donde unas vidas son más protegidas que otras. Se señala que, en las sociedades actuales, la guerra y la política se han mezclado. Ya no se trata solo de conquistar territorios, sino de dominar poblaciones enteras, controlar su movimiento y limitar sus posibilidades de existir plenamente. Esto puede verse en los campos de refugiados, en las fronteras cerradas o en las zonas de conflicto, donde la gente vive “muerta en vida”, sin derechos ni protección. En esos lugares, la vida se administra, se calcula y se desecha según intereses políticos o económicos.

El miedo y la inseguridad se utilizan como herramientas de control. Los gobiernos justifican la violencia, la vigilancia o las restricciones de derechos en nombre de la seguridad, pero en realidad muchas veces lo que hacen es reforzar las jerarquías y el control social. La necropolítica, en este sentido, no solo mata con armas, sino también a través del abandono dejando morir a quienes no tienen acceso a salud, alimento o refugio.

Por ello, el poder de decidir sobre la muerte es la forma más extrema de poder que existe. Es importante observar cómo se organizan nuestras sociedades, cómo se crean fronteras entre los que vivimos, y preguntarnos qué tipo de mundo queremos construir si seguimos aceptando que unas vidas valen más que otras.

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